
Bailarina ¿Digna sucesora de John Wick?
*Ana de Armas se entrega con determinación a un papel físico y emocional.
El universo cinematográfico de John Wick ha sido, desde su primera entrega, un escaparate de violencia estilizada, precisión coreográfica y mitología urbana. Con Bailarina, dirigida por Len Wiseman, el spin-off intenta mantenerse fiel a esa fórmula, pero también abrir una nueva puerta: la de la transformación emocional del entorno y sus personajes.
Protagonizada por Ana de Armas en el papel de Eve Macarro, la película se sitúa entre los capítulos 3 y 4 de la saga principal. Eve es una joven criada por la Ruska Roma, cuyo entrenamiento como bailarina-asesina se convierte en una vía de venganza contra los responsables de la muerte de su padre. La premisa no es novedosa dentro del cine de acción, pero lo interesante no está en el qué, sino en el cómo.
Wiseman dirige con pulso firme. Las secuencias de combate, como es costumbre en la franquicia, están ejecutadas con una elegancia violenta que raya en lo operático. Sin embargo, aquí la cámara se toma un poco más de tiempo para explorar lo que rodea a la protagonista: los espacios, los rostros secundarios, los vínculos afectivos rotos o latentes. Es un intento de complejizar el habitual discurso monocorde de venganza, sin sacrificar el espectáculo.
El guion de Shay Hatten retoma la lógica despiadada de este universo, pero introduce una capa emocional más densa. El personaje de Eve, aunque letal, no es impenetrable. En su andar, hay más pérdida que furia, y más necesidad de cerrar heridas que de alimentar el mito.
Ana de Armas se entrega con determinación a un papel físico y emocional. Su presencia sostiene buena parte de la película y aporta humanidad a un entorno donde todo suele resolverse con una bala.
Bailarina no pretende ser profunda, pero logra —en sus mejores momentos— ofrecer una mirada distinta sobre lo que implica vengarse: el costo emocional, la transformación interna, la imposibilidad de regresar. Es, en el fondo, una fábula estilizada sobre la pérdida, revestida de sangre, fuego y movimiento.