Ciencia

El lado desconocido del síndrome de Williams

La capacidad de confiar, querer y abrirse sin reservas

Eli D’Angelo no puede evitar abrazar a la gente. Lo hace con extraños, con conocidos, con quien se cruce en su camino. Su amabilidad desbordada no es simple ternura infantil: es el resultado de un trastorno genético raro conocido como síndrome de Williams, una condición que afecta a 1 de cada 10,000 personas y que, aunque suena entrañable, plantea enormes desafíos.

Como explica Jennifer Latson en su libro The Boy Who Loved Too Much, el síndrome se caracteriza por una combinación de discapacidad intelectual, rasgos faciales distintivos y una desinhibida necesidad de afecto. Esto se debe, en parte, a un exceso de oxitocina —la hormona del amor— en sus cerebros, lo que convierte a quienes lo padecen en seres extraordinariamente sociables… y vulnerables.

Eli, por ejemplo, no puede leer señales sociales y repite constantemente preguntas como “¿Tienes perro?”. Aunque su simpatía rompe barreras, también preocupa a su madre, quien teme que su afecto incondicional pueda ser malinterpretado o aprovechado.

Lo más sorprendente, sin embargo, es su afinidad musical. Personas con Williams reaccionan visceralmente a la música: cantan, lloran, vibran con melodías de Pavarotti o Lady Gaga.

Aunque vivir con Williams puede ser difícil, también revela algo profundo sobre la naturaleza humana: la capacidad de confiar, querer y abrirse sin reservas. Como dice Latson: “Eli me enseñó que ser vulnerable también es una forma de valentía”.

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