Ciencia

La Luna podría convertirse en la gasolinera del espacio

Si se logra extraer y procesar este recurso en la Luna, el polo sur dejaría de ser solo un laboratorio científico para convertirse en un depósito de combustible natura

La nueva carrera espacial ya no apunta solo a volver a pisar la Luna, sino a quedarse. Estados Unidos y China planean instalar bases permanentes en el polo sur lunar, una región estratégica donde se cree que existen reservas de agua en forma de hielo mezclado con el suelo. Ese recurso, aparentemente simple, podría cambiar para siempre la exploración del espacio.

El agua no solo serviría para beber o cultivar alimentos. Mediante procesos ya conocidos en la Tierra, podría transformarse en combustible para cohetes, separando el hidrógeno y el oxígeno que la componen. En palabras del ingeniero George Sowers, de la Escuela de Minas de Colorado, “el agua es el petróleo del espacio”.

Si se logra extraer y procesar este recurso en la Luna, el polo sur dejaría de ser solo un laboratorio científico para convertirse en un depósito de combustible natural, reduciendo de forma drástica los costos de las misiones espaciales. Lanzar cohetes desde la Luna es mucho más barato que hacerlo desde la Tierra, debido a su baja gravedad y a la ausencia de atmósfera. Según estimaciones, una misión tripulada a Marte podría abaratarse hasta en 12 mil millones de dólares usando propelente lunar.

El desafío no es menor. El agua lunar no forma glaciares visibles: está atrapada en el regolito, el polvo y las rocas del satélite. Extraerla implica calentar el suelo en condiciones extremas, con temperaturas que oscilan entre los 120 °C y los -250 °C. Proyectos como LUWEX, de la Agencia Espacial Europea, ya han desarrollado prototipos capaces de calentar el suelo lunar, capturar el vapor de agua, purificarlo y convertirlo en agua potable.

El paso final sería la electrólisis: separar el agua en hidrógeno y oxígeno, licuarlos y almacenarlos como combustible. Aunque la tecnología existe, aún falta demostrar que puede funcionar de manera estable en la superficie lunar.

Más allá de la hazaña tecnológica, el escenario plantea un dilema geopolítico. El agua no es infinita y el polo sur lunar es una región limitada. La competencia entre potencias podría trasladarse al espacio, abriendo un nuevo capítulo de tensiones fuera de la Tierra.

La Luna, ese cuerpo celeste que durante siglos fue símbolo de contemplación, podría convertirse en el primer gran centro energético fuera de nuestro planeta. Y de su éxito dependerá, en buena medida, el futuro de la exploración humana hacia Marte y más allá.

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