El siglo XVII es considerado el Siglo de Oro de la pintura holandesa, con Rembrandt como su figura más emblemática. Sin embargo, más allá del tenebrismo intimista que caracterizó buena parte de esta época, surgió un grupo de artistas que encontró en el paisaje un lenguaje propio y poderoso.
En la fase clásica del paisajismo holandés, hacia mediados del siglo, destacan tres nombres fundamentales: Aelbert Cuyp, Philips Koninck y, de manera sobresaliente, Jacob van Ruysdael, quien aportó estructura, color y una profunda carga expresiva a sus composiciones.
Nacido en Haarlem en 1628, dentro de una familia de pintores, Ruysdael probablemente se formó con su padre, Isaack van Ruysdael. Sus primeras obras fechadas corresponden a 1646, año en el que realizó trece pinturas. Se cree que alrededor de 1650 emprendió un Wanderjahr, viajando a Westfalia junto a su amigo Claes Berchem, experiencia que influyó decisivamente en su obra, particularmente tras descubrir los molinos de agua de la región de Singraven.
Hacia 1656, Ruysdael se trasladó a Ámsterdam, donde su pintura alcanzó mayor complejidad y riqueza visual. Sin renunciar al carácter monumental de sus paisajes, comenzó a representar bosques abiertos por claros y amplias vistas, dotando a la naturaleza de una dimensión casi heroica.
La culminación de su carrera llegó alrededor de 1670 con la obra El molino de Wijk. En ella, el horizonte bajo permite que el cielo ocupe dos tercios de la composición, reforzando la sensación de grandeza. La imponente presencia del molino —símbolo de la Holanda preindustrial— encarna un profundo significado social, político y espiritual, mientras sus aspas parecen enfrentarse a las fuerzas de la naturaleza. La escena se completa con figuras humanas y una embarcación en reposo, sugiriendo un entorno transformado y dominado por el ser humano.
Aunque su discípulo Meindert Hobbema desarrolló variaciones sobre el tema, su obra nunca alcanzó el dramatismo ni la profundidad emocional de su maestro. Jacob van Ruysdael falleció en Ámsterdam en 1682 y es considerado un precursor del paisajismo romántico, antecedente directo de artistas como Caspar David Friedrich, J. M. W. Turner y John Constable, casi un siglo después.




