Ciencia

La desaparición de los lagos en Turquía

Una crisis hídrica sin retorno

En la provincia de Manisa, al suroeste de Turquía, el lago Mármara, que alguna vez cubrió más de 44 kilómetros cuadrados y fue refugio de miles de aves y sustento de comunidades locales, hoy es solo una planicie seca. Botes abandonados, antiguos muelles y torres de observación de aves se levantan como vestigios de un ecosistema que desapareció casi por completo en una década.

El lago comenzó a secarse en 2011 y para 2021 había perdido el 98 % de su superficie, afectando gravemente la pesca, el turismo y la vida comunitaria. Habitantes de pueblos cercanos, como Tekelioğlu, recuerdan cuando el lago formaba parte de su vida cotidiana. Hoy, las nuevas generaciones crecen sin conocerlo.

Mármara no es un caso aislado. En los últimos 50 años, 186 de los 250 lagos de Turquía se han secado, mientras que alrededor de 1.5 millones de hectáreas de humedales han desaparecido, según informes ambientales. Naciones Unidas advierte que el país podría enfrentar una sequía severa para 2030, con el 88 % de su territorio en riesgo de desertificación.

Especialistas señalan que la crisis es resultado de décadas de políticas hidráulicas agresivas, construcción de presas, uso intensivo del agua para la agricultura y extracción minera, prácticas agravadas por el cambio climático. Cerca del 77 % del consumo de agua en Turquía se destina a la agricultura, muchas veces con métodos ineficientes y cultivos de alto consumo hídrico.

La pérdida de estos cuerpos de agua no solo impacta a las comunidades humanas, sino que altera rutas migratorias, destruye hábitats de aves y deja tras de sí suelos salinizados y polvo tóxico. Algunos lagos, como Van o Eğirdir, han retrocedido lo suficiente como para revelar ruinas antiguas, un fenómeno que combina hallazgos históricos con señales de alarma ambiental.

Organizaciones ambientales advierten que, sin un cambio urgente en el manejo del agua y la protección de humedales, Turquía enfrenta una crisis ecológica de gran escala, cuyos efectos podrían extenderse más allá de sus fronteras.

“Los lagos se secan y hoy es nuestro problema”, resume una habitante local. “Mañana será el problema del mundo”.

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