Cuando el asteroide Chicxulub impactó la Tierra hace 66 millones de años, provocó una de las mayores extinciones masivas de la historia, marcando el fin de los dinosaurios y transformando radicalmente la vida en el planeta. Durante décadas, la ciencia sostuvo que la recuperación biológica tras este evento tardó millones de años. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la Universidad de Texas en Austin ha cambiado esa visión.
La investigación, publicada en la revista Geology, demuestra que la evolución de nuevas especies ocurrió en un periodo sorprendentemente corto: entre 2.000 y 6.000 años después del impacto. El hallazgo se basa en el análisis de foraminíferos planctónicos, organismos microscópicos marinos que forman parte esencial de la cadena alimentaria oceánica.
El equipo científico identificó la rápida aparición y diversificación de entre 10 y 20 nuevas especies, entre ellas Parvularugoglobigerina eugubina, uno de los primeros organismos en reaparecer tras la catástrofe. Para lograr una datación más precisa, los investigadores utilizaron Helio-3, un isótopo de origen extraterrestre que se deposita de manera constante en los sedimentos marinos, permitiendo reconstruir el tiempo geológico con mayor exactitud.
Este descubrimiento pone en duda la idea de que la evolución siempre avanza lentamente. Por el contrario, demuestra que en condiciones extremas, la vida puede reinventarse con rapidez, aprovechando los nichos ecológicos vacíos que deja una extinción masiva.
Más allá de su relevancia histórica, el estudio ofrece reflexiones para el presente. En un contexto de crisis ambiental global, los científicos advierten que la capacidad de recuperación de la vida depende de que las presiones sobre los ecosistemas cesen. La investigación subraya también la importancia de los organismos microscópicos, invisibles pero fundamentales, en la reconstrucción de la biodiversidad del planeta.




