Ciencia

Los misterios del cinturón de Kuiper

La frontera helada que guarda el origen del sistema solar

Frío, oscuro y prácticamente inexplorado, el cinturón de Kuiper es una de las regiones más enigmáticas del sistema solar. Ubicado más allá de la órbita de Neptuno, este vasto anillo de mundos helados conserva pistas fundamentales sobre cómo se formaron los planetas y cómo evolucionó nuestro vecindario cósmico.

Con una extensión que inicia a unas 30 unidades astronómicas del Sol y se prolonga hasta cerca de 50 UA, el cinturón de Kuiper tiene forma de disco o rosquilla y se superpone con una región aún más lejana conocida como el disco disperso, que se extiende hasta casi las 1,000 UA. Aunque suele confundirse con la nube de Oort, esta última es mucho más distante y esférica; ambas regiones, sin embargo, son consideradas las principales fuentes de los cometas.

Los científicos comparan al cinturón de Kuiper con el cinturón principal de asteroides, pero en versión helada. Se cree que sus objetos son remanentes primitivos de la formación del sistema solar, restos que no lograron unirse para formar un planeta debido a la intensa influencia gravitatoria de Neptuno. De hecho, modelos como el modelo de Niza sugieren que en el pasado esta región contenía mucha más masa —hasta siete veces la de la Tierra—, la cual fue dispersada por los movimientos de los planetas gigantes.

Hasta ahora se han identificado más de 2,000 objetos del cinturón de Kuiper (KBO), aunque los astrónomos estiman que existen cientos de miles con tamaños mayores a los 100 kilómetros. Muchos de estos cuerpos tienen lunas o forman sistemas binarios, como ocurre con Plutón, Eris, Haumea y Makemake, lo que refuerza la idea de que se trata de un entorno dinámico y complejo.

Además de ser un archivo fósil del origen planetario, el cinturón de Kuiper es una fábrica natural de cometas. De ahí provienen los llamados cometas de período corto o de la familia de Júpiter, algunos de los cuales, tras perder sus hielos, terminan convertidos en asteroides inactivos cercanos a la Tierra.

Aunque lleva el nombre del astrónomo Gerard Kuiper, él no descubrió directamente el cinturón. El primer objeto identificado fue Plutón en 1930, pero pasarían más de seis décadas antes de que los científicos comprendieran que no estaba solo. El hallazgo del objeto 1992 QB1 (Albion) confirmó finalmente la existencia de esta vasta población de mundos helados.

La exploración directa comenzó en 2015, cuando la sonda New Horizons de la NASA sobrevoló Plutón y, en 2019, visitó Arrokoth, un objeto con forma de “muñeco de nieve” que sorprendió a la comunidad científica. Estos encuentros apenas han abierto la puerta a una región que podría revelar respuestas clave sobre el pasado —y el futuro— del sistema solar.

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