El azafrán, conocido como el “oro rojo” y considerada la especia más cara del mundo, enfrenta una de sus cosechas más adversas en la historia reciente debido a las alteraciones climáticas, que han reducido drásticamente la producción en regiones tradicionales como el valle de Cachemira.
Este cultivo delicado depende de condiciones climáticas muy específicas: requiere estaciones frescas y lluvia intermitente para florecer adecuadamente. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y la prolongación de las sequías han reducido la ventana de floración y acortado la temporada de cosecha, obligando a agricultores a recolectar flores en apenas unas horas en lugar de todo el día como ocurría históricamente.
La situación ha desatado preocupación entre quienes han trabajado generaciones en el cultivo del azafrán, ya que este descenso en producción no solo afecta la economía local sino que pone en riesgo un legado agrícola centenario. Ante estas condiciones climáticas cada vez más impredecibles, productores recurren tanto a métodos tradicionales como a investigación científica para intentar mantener vivo este cultivo emblemático.




