El cineasta mexicano Fernando Eimbcke sorprendió en la competencia oficial de la Berlinale con Moscas, una película en blanco y negro que aborda la vida cotidiana, el dolor y la precariedad desde la perspectiva de un niño de nueve años.
Lejos de los relatos centrados en la violencia, Eimbcke apuesta por una historia íntima y humana. “Moscas nunca se pensó como una película política. A nosotros lo que nos interesaba era contar una historia”, señaló el realizador en entrevista. Sin embargo, reconoce que durante el proceso surgieron temas como la desigualdad económica y la seguridad social.
La trama sigue a Olga (Teresita Sánchez), una mujer que vive frente a un hospital en Ciudad de México y que, ante la necesidad de pagar una operación, decide alquilar una habitación a familiares de pacientes. Allí llega un hombre que oculta que viaja con su hijo de nueve años, Cristian (Bastián Escobar), porque no puede pagar por dos personas.
El proyecto nació hace más de veinte años como un guion para televisión, luego de que Alejandro González Iñárrituinvitara a Eimbcke a colaborar en una serie tras el éxito de Temporada de patos. El texto quedó archivado hasta que el director lo retomó junto a Vanesa Garnica para convertirlo en largometraje, con apoyo público mexicano y la producción de Michel Franco.
Uno de los mayores retos fue encontrar al actor infantil. El elegido fue Bastián Escobar, descubierto en Oaxaca, cuya naturalidad conquistó al director.
La estética del filme dialoga con Berlín —ciudad donde Eimbcke vivió seis años y que considera parte de su historia familiar—, particularmente con los edificios prefabricados del barrio de Marzahn, cuya arquitectura influyó en la atmósfera visual de la cinta.
En sus primeros pases, Moscas ha sido recibida con entusiasmo y ya se perfila como una de las posibles contendientes al Oso de Oro en la 76ª edición del festival. Para Eimbcke, competir en Berlín tiene un significado especial: en 2008 obtuvo el Premio Alfred Bauer por Lake Tahoe.




