El icónico actor Jim Carrey fue ovacionado de pie durante la 51ª ceremonia de los Premios César celebrada la noche del jueves en París, donde fue galardonado con el César Honorífico, el máximo reconocimiento que otorga la Académie des Arts et Techniques du Cinéma, considerado el equivalente francés del Oscar honorífico.
La estrella canadiense-estadounidense, de 64 años, subió al escenario del teatro L’Olympia visiblemente emocionado y dedicó el galardón a su familia, especialmente a su padre, a quien describió como “el hombre más gracioso que he conocido”.
En un discurso profundamente personal, Carrey reflexionó sobre su carrera y su oficio, comparando cada personaje que ha interpretado con “la arcilla de un escultor” que uno moldea desde el corazón, una metáfora que resumió su filosofía actoral ante un auditorio entusiasta.
El momento también tuvo resonancias históricas para el actor, quien recordó que uno de sus antepasados nació en Saint-Malo, Francia, hace varios siglos, lo que hizo que recibir el galardón en París tuviera un significado especial para él.
Carrey no dejó de lado su característico humor: incluso bromeó en francés —con acento distintivo— y preguntó al público sobre su nivel de francés con una sonrisa, ganando risas y aplausos.
El César Honorífico distingue a artistas internacionales cuya obra ha dejado una huella duradera en la historia del cine, y con esta distinción Carrey se une a una lista de homenajeados de renombre que incluye a figuras como Julia Roberts y Cate Blanchett en años recientes.
Su discurso combinó emoción, gratitud y humor, recordando al mundo no solo su trayectoria cinematográfica, que abarca desde éxitos de comedia hasta papeles dramáticos aclamados, sino también su enfoque humanista sobre la actuación y la vida.




