Un descubrimiento reciente del telescopio espacial James Webb podría transformar de manera radical la comprensión científica sobre el origen del universo. Astrónomos identificaron un objeto que podría tratarse de un agujero negro primordial, es decir, uno que se habría formado apenas segundos después del Big Bang, algo que hasta ahora solo existía en el terreno de la teoría.
El hallazgo fue publicado en la revista científica IOP Publishing y corresponde a un objeto denominado CAPERS-LRD-z9, ubicado a aproximadamente 13 mil 300 millones de años luz de la Tierra, lo que implica que se observa tal como era cuando el universo era extremadamente joven.
Hasta ahora, la teoría dominante sostenía que los agujeros negros surgieron mucho después, tras el colapso de las primeras estrellas masivas al agotar su combustible. Sin embargo, este nuevo objeto sugiere que algunos agujeros negros pudieron formarse antes incluso de que existieran estrellas y galaxias, lo que plantea un cambio de paradigma en la cosmología moderna.
Este tipo de agujeros negros, conocidos como primordiales, habían sido propuestos por científicos como Stephen Hawking, pero nunca habían sido observados de manera directa. Su posible detección abre nuevas líneas de investigación sobre la estructura temprana del cosmos y los procesos que dieron forma al universo.
Aunque los especialistas advierten que aún se requiere mayor evidencia para confirmar su origen exacto, el descubrimiento ya genera debate en la comunidad científica. Las hipótesis actuales apuntan a que estos objetos pudieron formarse por el colapso de regiones extremadamente densas y calientes del universo primitivo, o mediante el colapso directo de grandes nubes de gas y polvo.
De confirmarse, CAPERS-LRD-z9 se convertiría en una de las evidencias más importantes sobre la física del universo temprano y el papel de los agujeros negros en su evolución.




