Ciencia

La felicidad está en el cerebro, no en el corazón

A través del llamado circuito de recompensa o circuito mesolímbico cortical

La felicidad que sentimos no se origina en el corazón, sino en el cerebro, a través del llamado circuito de recompensa o circuito mesolímbico cortical, que conecta el sistema límbico, el mesencéfalo y la corteza cerebral. Cada vez que disfrutamos de una comida, escuchamos música, hacemos ejercicio o vivimos experiencias placenteras, este sistema se activa, liberando dopamina y generando la sensación de bienestar.

El descubrimiento de este circuito se dio de manera accidental en experimentos con ratas, cuando los científicos observaron que un roedor presionaba frenéticamente una palanca para autoestimular su cerebro, incluso sin recibir recompensas externas. Este hallazgo permitió identificar dos núcleos clave: el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, conectados constantemente y responsables de la liberación de dopamina. La percepción consciente de la felicidad ocurre en la corteza prefrontal.

Además, la oxitocina, producida en el hipotálamo, está relacionada con la felicidad tranquila y el apego, como el vínculo madre-hijo o la fidelidad en parejas. Experimentos con ratones monógamos demostraron que esta hormona regula la permanencia en relaciones duraderas, a diferencia de la dopamina, que genera emociones intensas de enamoramiento.

Herminia Pasantes, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, concluye que la felicidad y el apego son fenómenos cerebrales complejos, mediados por neurotransmisores y hormonas, y no por el corazón, cuyo latido refleja únicamente la emoción intensa.

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