Los agujeros negros son uno de los fenómenos más extremos y fascinantes que predice la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. Se trata de regiones del espacio donde la gravedad es tan intensa que ni la luz puede escapar, y donde nuestras leyes físicas conocidas dejan de aplicarse.
Según expertos, los agujeros negros se forman cuando un objeto es tan masivo que nada puede impedir su colapso gravitacional. La región externa de un agujero negro se parece a cualquier otro objeto masivo, pero su interior está definido por el “horizonte de sucesos”: un límite a partir del cual escapar es imposible. En el centro se encuentra la singularidad, donde las ecuaciones físicas tradicionales dejan de ser válidas y predicen valores infinitos.
Para comprender mejor este fenómeno, los científicos utilizan experimentos mentales. Por ejemplo, si un astronauta cae en un agujero negro mientras otro permanece fuera, quien observa desde afuera verá a la astronauta ralentizarse progresivamente hasta parecer congelada sobre el horizonte de sucesos. Además, la luz que emite se desplaza hacia el rojo, perdiendo energía. Por su parte, la astronauta en caída libre percibe todo con normalidad hasta acercarse a la singularidad, donde las fuerzas de marea estiran su cuerpo en un proceso llamado “espaguetización”.
Los agujeros negros no solo desafían nuestra comprensión del espacio y el tiempo, sino que también revelan los límites de la física moderna y la relatividad general, y siguen siendo un campo activo de investigación en astrofísica.