Aunque suelen llamar la atención por su aspecto tierno, su pelaje suave y su cola esponjosa, las ardillas son mucho más que animales simpáticos. De acuerdo con Animal Diversity Web (ADW), una enciclopedia científica del Museo de Zoología de la Universidad de Michigan, la familia Sciuridae agrupa cerca de 270 especies de roedores, entre ardillas arborícolas, terrestres, marmotas y ardillas voladoras.
El término “ardilla” proviene del griego skiouros, que significa “cola sombreada”, una referencia directa a una de sus características más distintivas. Sin embargo, para la mayoría de las personas, la imagen más común es la de las ardillas arborícolas, pertenecientes a la subfamilia Sciurinae, que habitan en los árboles, según la Enciclopedia Britannica.
Más allá de su apariencia, estas especies destacan por su inteligencia y capacidad de adaptación. National Geographic señala, por ejemplo, que para escapar de depredadores como aves rapaces, gatos o serpientes, las ardillas arborícolas no solo corren a gran velocidad —hasta 32 km por hora—, sino que utilizan una estrategia eficaz: huyen en zigzag, lo que dificulta que sean capturadas.
Otro rasgo notable es su dentición. Las ardillas poseen incisivos que crecen continuamente a lo largo de su vida, lo que las obliga a roer constantemente para mantenerlos a un tamaño funcional. Esta adaptación es clave para su dieta, basada principalmente en semillas y nueces.
En el caso de algunas ardillas terrestres, como los perros de la pradera, se ha documentado incluso el ataque directo a serpientes para proteger sus madrigueras. Otras especies, como el ardillón de California, han desarrollado resistencia al veneno de la serpiente de cascabel, lo que ha despertado el interés científico por sus posibles aplicaciones médicas.
Además, las ardillas destacan por su astucia al almacenar alimento, utilizando estrategias engañosas para evitar que otras les roben sus reservas. Todo ello confirma que, detrás de su apariencia encantadora, se esconden animales altamente complejos y fascinantes.




