El cierre de Ultimate Spider-Man marca el final de una de las etapas más comentadas del nuevo universo Ultimate. Desde su anuncio, la serie generó grandes expectativas al estar encabezada por Jonathan Hickman, reconocido por su visión estructural y narrativa a gran escala.
Durante su publicación, parte del público cuestionó el ritmo de la historia, señalando la ausencia de eventos espectaculares o giros dramáticos. Sin embargo, el enfoque respondió a la lógica del propio universo Ultimate, construido alrededor del eventual regreso del Maker. En ese contexto, la serie optó por conflictos de escala íntima mientras el tablero mayor se acomodaba.
Más que centrarse en tragedias o pérdidas, esta versión del arácnido apostó por mostrar a un Peter Parker con familia, estabilidad y responsabilidades reales. Lejos de convertir ese núcleo en un obstáculo narrativo, la historia lo presentó como la motivación principal del héroe: cambiar el mundo para garantizar un mejor futuro a sus hijos.
En contraste con lo que suele ocurrir en The Amazing Spider-Man —donde el personaje frecuentemente regresa a un punto de partida emocional—, el cierre de Ultimate Spider-Man sostiene la idea de que la familia no es una carga dramática ni un sacrificio pendiente, sino una fuerza que impulsa.
Aunque pudo haber tenido momentos más contundentes, la serie cumplió su promesa: ofrecer una versión distinta del mito, donde el crecimiento no surge de la pérdida, sino de la convicción. Su final no apuesta por el golpe trágico, sino por la coherencia con la visión que construyó desde el inicio.




