El oso polar es considerado el carnívoro terrestre más grande del mundo y uno de los depredadores mejor adaptados a las condiciones extremas del planeta. Habita en el Ártico y su alimentación se basa principalmente en la caza de focas, a las que captura sobre el hielo marino.
Durante el periodo de ayuno estacional, cuando el acceso a alimento es limitado, las hembras dan a luz en guaridas de nieve. En este refugio protegen y amamantan a sus crías hasta que están listas para salir al exterior. Una vez fuera, las madres comienzan a enseñarles a cazar; generalmente permiten que los oseznos consuman la carne de las presas, mientras ellas ingieren sobre todo la grasa y la piel para recuperar energía.
Aunque su dieta principal son las focas, los osos polares también pueden capturar morsas, belugas y delfines, o alimentarse de carroña si encuentran restos disponibles. Un dato distintivo de su fisiología es que no necesitan beber agua directamente, ya que obtienen los fluidos necesarios de la sangre y los tejidos de sus presas.
Su gruesa capa de grasa, su pelaje aislante y su capacidad como cazadores expertos los convierten en una de las especies más emblemáticas del Ártico y en un ejemplo extraordinario de adaptación a ambientes extremos.




