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Park Chan-wook regresa con una sátira feroz sobre el trabajo y la violencia

La historia sigue a Mansu, gerente de una empresa papelera que, tras una reestructuración corporativa, pasa de ejecutivo respetado a desempleado invisible.

Con La única opción, Park Chan-wook (Oldboy) vuelve a explorar el crimen no como espectáculo, sino como síntoma social. Basada libremente en la novela The Ax de Donald E. Westlake, la película se aleja del thriller convencional para construir una comedia negra cada vez más cruel, donde la lógica del mercado laboral empuja a su protagonista a cruzar límites impensables.

La historia sigue a Mansu, gerente de una empresa papelera que, tras una reestructuración corporativa, pasa de ejecutivo respetado a desempleado invisible. Park se detiene en retratar su vida familiar estable antes de la caída, subrayando cómo la ansiedad económica erosiona su identidad y dignidad. Lee Byung-hun ofrece una actuación contenida y progresiva: Mansu no es un villano, sino un hombre que se resiste a aceptar su irrelevancia.

La premisa —eliminar a la competencia laboral— se introduce con humor torpe y calculado. La risa inicial es deliberada; cuando desaparece, la película ya ha cruzado un punto de no retorno. En paralelo, Son Ye-jin encarna a Miri, la esposa que comienza a trabajar mientras Mansu se hunde, acentuando tensiones de orgullo, celos y humillación sin grandes discursos.

Visualmente sobria y clínicamente precisa, la cinta evita el exceso estilístico para reforzar la sensación de vigilancia y cálculo constante. El antagonista se desplaza del rival directo a un sistema deshumanizante, donde incluso la violencia parece volverse obsoleta frente a la automatización.

Sin redención ni consuelo, La única opción confirma a Park Chan-wook como un cineasta capaz de convertir una premisa extrema en un espejo incómodo de la vida contemporánea: una sátira que hace reír primero y pensar después, cuando la risa ya no basta.

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