Con el inicio de un nuevo año llegan también las buenas intenciones. Sin embargo, especialistas advierten que muchos propósitos de Año Nuevo fracasan no por falta de motivación, sino por errores comunes al momento de crear hábitos. Elegir acciones que no se alinean con los objetivos, esperar resultados inmediatos o no modificar el entorno suelen ser las principales causas del abandono.
Expertos en comportamiento humano coinciden en que el primer paso es seleccionar hábitos adecuados y realistas. No basta con desear un cambio; es necesario identificar las acciones concretas que permitirán alcanzarlo. Además, advierten que el tiempo para formar un hábito varía según la persona y la complejidad de la actividad, por lo que obsesionarse con plazos puede resultar contraproducente.
Otra clave es diferenciar entre formar hábitos positivos y romper los negativos, ya que estos últimos suelen estar ligados a recompensas inmediatas. Para lograr cambios duraderos, se recomienda dividir los objetivos en metas pequeñas, escribirlos, asumir responsabilidad, establecer límites claros y rediseñar el entorno para facilitar los comportamientos deseados.
Finalmente, celebrar los avances, hacer los hábitos agradables y repetirlos constantemente ayuda a que se integren de forma automática a la rutina. Así, más allá del entusiasmo inicial, los propósitos de Año Nuevo pueden convertirse en cambios reales y sostenibles a lo largo de 2026 y más allá.




