En 2011, el hallazgo de un cachorro de lobo momificado en el noreste de Siberia sorprendió a la comunidad científica más de una década después. El ejemplar, conocido como Tumat-1, permaneció congelado durante 14 400 años en el permafrost, conservado con un nivel de detalle excepcional. Sin embargo, la mayor revelación surgió durante su autopsia: en su intestino se encontraron restos de carne con mechones de pelo dorado pertenecientes a un rinoceronte lanudo, una especie extinta de la Edad de Hielo.
A partir de este contenido estomacal, un equipo internacional liderado por el genetista evolutivo Camilo Chacón-Duquelogró reconstruir por primera vez el genoma completo de un rinoceronte lanudo utilizando la última comida de otro animal. Los resultados del estudio fueron publicados en enero de 2026 en la revista Genome Biology and Evolution.
El análisis genético reveló que la población de rinocerontes lanudos en Siberia se mantenía estable y genéticamente diversa poco antes de su extinción, ocurrida hace unos 14 000 años. Este hallazgo contradice la idea de una decadencia prolongada previa a su desaparición y respalda la hipótesis de un colapso rápido, posiblemente vinculado a cambios climáticos abruptos al final de la última Edad de Hielo.
Los científicos compararon el genoma recuperado con especímenes más antiguos y con el del rinoceronte de Sumatra, su pariente vivo más cercano. Los resultados sugieren que factores externos —como el calentamiento global, eventos catastróficos o la presión humana— pudieron haber precipitado la extinción de la especie.
Especialistas señalan que este descubrimiento demuestra el enorme potencial de fuentes no convencionales de ADN antiguo, como los tractos digestivos de animales congelados. Tal como concluye Chacón-Duque, las claves sobre grandes extinciones pueden encontrarse en los lugares más inesperados, incluso en el estómago congelado de un cachorro de lobo.



