La conservación del Templo del Carmen, uno de los inmuebles más emblemáticos del patrimonio histórico de San Luis Potosí, avanza mediante un proyecto integral de restauración que atiende los severos daños provocados por el paso del tiempo, el intemperismo y la contaminación ambiental. Los trabajos están a cargo de un equipo multidisciplinario de restauradoras y restauradores especializados en bienes culturales.

La restauradora Verónica Roque Jiménez, responsable del proyecto ante instancias nacionales, explicó que la cantera de la región presenta características muy específicas que la hacen vulnerable al intemperismo. Con el paso de los años, la exposición constante a la lluvia, la radiación solar, el viento y los contaminantes genera disgregación del material, provocando desprendimientos, fisuras y pérdida volumétrica. Uno de los casos más delicados fue el de la cabeza de una escultura de la Virgen, que se encontraba desfasada y representaba un riesgo de caída debido a su peso y altura.

A estos factores se suma la presencia de fauna no silvestre, principalmente palomas, cuyo excremento ácido deteriora el soporte pétreo y favorece la aparición de microorganismos e insectos, acelerando el daño en la cantera. Asimismo, el equipo detectó intervenciones previas realizadas con materiales inadecuados, como cemento, que hoy deben ser retirados para estabilizar la estructura y reintegrar materiales compatibles.
Para ello, se realizan análisis especializados, como estudios con microscopio electrónico de barrido, que permiten identificar los componentes de la piedra y formular morteros adecuados a base de cal, sílice, arena o cantera en polvo, garantizando la compatibilidad con el material original.

De manera paralela, se interviene el vitral central del templo. La restauradora Lucy Cel Anaya Ziegler detalló que fue necesario desmontar algunas secciones para corregir deformaciones, realizar limpiezas físico-químicas controladas y reintegrar faltantes sin competir visualmente con el original. También se dio mantenimiento al portón de madera de mezquite, utilizando materiales orgánicos compatibles que protegen y rehidratan la madera.
Israel Hernández, restaurador encargado de la portada, destacó que el trabajo de rejunteo y reintegración volumétrica permite devolver estabilidad y lectura estética a los elementos tallados en cantera, respetando su diseño original.

Los especialistas coinciden en que más allá de la complejidad técnica, la restauración del Templo del Carmen es una labor profundamente significativa, ya que permite redescubrir detalles invisibles desde el exterior y asegurar que este patrimonio colectivo pueda ser valorado y disfrutado por las futuras generaciones.




