Ruth Asawa nunca entendió la escultura como un medio para imponer un mensaje, sino como un proceso de descubrimiento. “No me interesa expresar algo, sino descubrir lo que el material puede hacer”, decía. Esa idea guía Ruth Asawa: A Retrospective, la exposición organizada por el SFMOMA y el MoMA, que reúne cerca de 300 obras y ofrece la revisión más completa de una práctica que transformó la escultura moderna.
La muestra recorre seis décadas de trabajo en las que Asawa convirtió materiales modestos —alambre, papel, tinta y bronce— en un sistema visual coherente, basado en la transparencia, la repetición y el vacío. Sus esculturas suspendidas, hechas a partir de un solo hilo continuo, desdibujan las fronteras entre figura y fondo, interior y exterior, artesanía y alta cultura.
Aunque su nombre suele vincularse al modernismo estadounidense y a su formación en Black Mountain College, la retrospectiva amplía su genealogía y coloca a México como una influencia central. A finales de los años cuarenta, durante una estancia en Toluca, Asawa observó a artesanos locales tejer canastos mediante técnicas de looping continuo. Aquella lógica constructiva —dibujar en el espacio con una línea ininterrumpida— se convirtió en la base formal de su obra.
Esa arquitectura del alambre dio origen a formas orgánicas que parecen respirar, donde la sombra tiene tanto peso como el objeto y el volumen se construye desde la luz. La misma sensibilidad aparece en sus dibujos, esculturas en bronce y obras públicas, todas atravesadas por la convicción de que el arte puede ser riguroso y accesible al mismo tiempo.
Más allá de lo formal, la exposición subraya el impacto social de Asawa como defensora de la educación artística pública en San Francisco. Para ella, crear era una extensión natural de la vida comunitaria.
Ruth Asawa: A Retrospective se presenta en el MoMA hasta el 7 de febrero de 2025, consolidando a la artista como una figura clave cuyo legado cruza culturas, oficios y generaciones.




