Entre los años cuarenta del siglo pasado surgió en Santa María del Río un proyecto clave para preservar una de las tradiciones textiles más importantes de México: el rebozo. Ante el riesgo de que este saber ancestral se diluyera con el paso del tiempo, se impulsó la creación de la entonces Casa de las Artesanías, un espacio que brindó a las y los artesanos un lugar para trabajar, aprender y comercializar sus piezas.

Apenas hace seis años, este esfuerzo tomó una nueva dimensión con la apertura de la Casa del Rebozo, concebida como un espacio integral donde convergen la investigación, la preservación, la enseñanza y la demostración del proceso artesanal. Ahí, el conocimiento se transmite principalmente a través de la memoria de las y los maestros mayores, quienes comparten técnicas, diseños y saberes que pasan de generación en generación.
El rebozo de Santa María del Río se distingue por ser completamente hecho a mano, sin intervención de maquinaria, y por su carácter único: no existen dos piezas iguales. Cada rebozo refleja la cosmovisión, la experiencia y la sensibilidad de quien lo teje. En su elaboración participan tanto hombres como mujeres, aunque el rapacejo —la delicada terminación de la prenda— suele ser realizado por mujeres, debido a la fineza, paciencia y creatividad que requiere.

Hoy, el rebozo ha dejado de ser únicamente una prenda de uso cotidiano para convertirse en un símbolo de lujo, elegancia e identidad cultural. Artesanas y artesanos con décadas de experiencia relatan cómo aprendieron el oficio desde jóvenes, muchas veces observando y ayudando a otros maestros, y describen un proceso que puede implicar hasta 200 pasos y varios días de trabajo.

Pese a la competencia de productos industriales y más económicos, quienes elaboran el rebozo en Santa María del Río confían en que esta tradición no desaparecerá. Mientras las familias sigan creyendo en su oficio y valorando el rebozo como patrimonio cultural y orgullo local, la memoria textil del llamado “mejor rebozo de México” continuará viva.





