Durante la última era de hielo, hace más de 10 mil años, la megafauna que habitaba el planeta dejó un legado de especies tan imponentes como singulares. Entre ellas destacan tres animales que, por su tamaño, adaptación y presencia en distintos continentes, continúan asombrando a científicos y paleontólogos.
El mamut lanudo, uno de los símbolos más reconocidos del Pleistoceno, alcanzaba hasta cuatro metros de altura y soportaba las bajas temperaturas gracias a su gruesa capa de pelo y una capa de grasa que podía llegar a los 10 centímetros. Su extinción coincidió con el fin de la glaciación y la expansión humana.

Otro protagonista fue el tigre dientes de sable, depredador de colmillos curvados que podían medir más de 20 centímetros. Su poderosa mandíbula lo convertía en uno de los cazadores más temidos, capaz de abatir presas de gran tamaño en las extensas praderas heladas.

Completa la lista el perezoso gigante, un herbívoro que podía superar los seis metros erguido sobre sus patas traseras. A pesar de su aparente lentitud, su fuerza y tamaño lo mantenían a salvo de la mayoría de los depredadores.

Estas especies forman parte de un ecosistema desaparecido que continúa revelando datos clave sobre la evolución y adaptación de la vida en condiciones extremas.



