Un nuevo artículo de divulgación científica plantea que el gesto cotidiano del beso íntimo no solo es una expresión de afecto, sino también un proceso biológico con impacto en la microbiota oral y posibles efectos sobre la conducta y el vínculo afectivo entre parejas.
Según el texto, publicado este 14 de febrero, la boca humana alberga una de las comunidades microbianas más diversas del cuerpo, con cientos de especies bacterianas que participan en funciones como la defensa inmunitaria y la salud bucal. El contacto profundo durante un beso puede generar un intercambio directo de saliva y microorganismos, influenciando la composición microbiana de cada individuo.
Estudios previos han demostrado que un beso de unos segundos de duración puede transferir una cantidad muy elevada de microbios; investigaciones han estimado que un beso de aproximadamente 10 segundos puede mover hasta 80 millones de bacterias de una boca a otra.
La hipótesis desarrollada propone que este intercambio repetido de microbiota oral podría generar un bucle de retroalimentación entre la microbiota, el cerebro y la conducta social, sugiriendo que los cambios microbianos inducidos por el contacto íntimo podrían influir en procesos fisiológicos relacionados con el afecto y el bienestar.
Sin embargo, los autores advierten que se trata de una propuesta teórica que requiere investigación empírica adicional, y que el intercambio microbiano también puede incluir microorganismos patógenos que se asocian a infecciones, lo que convierte al beso en un proceso con múltiples facetas biológicas.




